Castro
05
Abril

Manifestantes palestinos usan hondas contra las tropas israelíes

En los campamentos de protesta de Gaza junto a la frontera israelí se cocina pan, se canta y se habla sobre refugiados, mientras los jóvenes hacen acopio de piedras y neumáticos para la manifestación del viernes, que esperan más multitudinaria y que temen más sangrienta que la de hace una semana. 
Ni las cicatrices por herida de bala que muestra Mohamed Odeh en su pierna, ni el que su compañero del campamento de Al Bureij Ahmed Omer muriera ayer por un disparo a decenas de metros, lo que eleva la cifra de fallecidos a diecinueve desde el pasado viernes, le desaniman. 
 
Mohamed volverá a participar en la manifestación de este viernes, parte de las movilizaciones que se mantendrán hasta el 15 de mayo. 
 
 
"No tenemos miedo", asegura a la agencia EFE con un alicate colgado del cinturón que simboliza su objetivo de cortar la valla de separación con Israel. 
 
De momento, pasa la jornada con un centenar de personas en uno de los cinco campamentos que se han levantado a unos 700 metros de la frontera, aunque el de Al Bureij está más próximo a la valla israelí, que se divisa con claridad, y se escuchan disparos intermitentes del Ejército cuando los jóvenes se aproximan. 
 
Tienen prohibido el paso a menos de 300 metros. 
 
La distancia entre la valla y cada participante parece mostrar el nivel de riesgo a asumir. 
 
Los más jóvenes, incluidos menores, ruedan neumáticos hacia la frontera y quemarán miles para crear cortinas de humo, mientras que las piedras que lanzarán hacia las tropas israelíes allí apostadas son transportadas en carros tirados por burros. 
 
"Los mayores se suelen quedar en el campamento (más alejado). Pero los jóvenes se acercarán seguro y no sé qué pasará, pero me temo que será un día sangriento", intuye Sameh Samsaq, con su hija en brazos. 
 
El ministro de Defensa de Israel, Avigdor Lieberman, advirtió ayer de que "cualquiera que se acerque a la valla está poniendo en peligro su vida", durante una visita a la zona fronteriza en el lado israelí. 
 
Lieberman ha defendido la actuación del Ejército, que utilizó el pasado viernes numeroso material antidisturbios, incluida munición real, lo que dejó 1.400 heridos, 800 de ellos de bala, pues asegura que la mayoría de los que murieron eran "terroristas". Fuente: EFE