Castro
14
Noviembre

Francisco y la "saludable inquietud de la ciencia en el mundo"

El papa Francisco, que recibió a los participantes, afirmó en la audiencia que "faltan voluntad y determinación política para detener la carrera armamentista y poner fin a las guerras, para pasar con urgencia a las energías renovables, a los programas tendientes a garantizar agua, comida y salud para todos, a invertir para el bien común los enormes capitales que siguen inactivos en los paraísos fiscales".

Luego afirmó que hay que seguir rechazando "ese crimen contra la humanidad que es la trata de personas con fines de trabajo forzado, prostitución y tráfico de órganos", pero "aún hay que recorrer mucho camino hacia un desarrollo que sea al mismo tiempo integral y sustentable". "Superar el hambre y la sed, la elevada mortalidad y la pobreza, especialmente entre los 800 millones de necesitados y excluidos de la Tierra, no se logrará sin un cambio en el estilo de vida", recordó Francisco.

 

También reiteró "la fundamental importancia de comprometerse en favor de un mundo sin armas nucleares, y pidió -como hicieron San Paulo VI y San Juan Pablo II, a los científicos la activa colaboración con el fin de convencer a los gobernantes de la inaceptabilidad ética de tal armamento debido a los daños irreparables que causa a la humanidad y el planeta".

 

Ciencia y tecnología -dijo asimismo Francisco en la audiencia- "si son abandonadas sin control a sí mismas, pueden dar la espalda al bien de las personas y de los pueblos". "Necesitamos mayor atención a los valores y bienes fundamentales que están en la base de la relación entre los pueblos, sociedad y ciencia. Tal relación requiere un repensamiento para promover el progreso integral de cada ser humano y del bien común".

 

Francisco volvió a referirse a la "inmensa crisis de los cambios climáticos en curso". "Los cambios globales están cada vez más influidos por las acciones humanas. Por eso hacen falta respuestas adecuadas para la salvaguarda de la salud del planeta y de las poblaciones, una salud puesta en peligro por todas las actividades humanas que usan combustible fósil y deforestan el planeta".

 

La comunidad científica, así como hizo progresos en identificar los riesgos, ahora está llamada a plantear soluciones válidas y convencer a las sociedades y sus líderes de perseguirlas, subrayó el pontífice. También explicó que se trata de un bien que la ciencia hoy esté más abierta a la confrontación. "La bella seguridad de la torre de marfil de los primeros tiempos modernos dejó lugar, en muchos, a una saludable inquietud, por la cual el científico de hoy se abre más fácilmente a los valores religiosos y entrevé, más allá de las adquisiciones de la ciencia, la riqueza del mundo espiritual de los pueblos y la luz de la trascendencia divina".

 

"La comunidad científica es parte de la sociedad y no debe considerarse como separada e independiente, sino que está llamada a servir a la familia humana y su desarrollo integral", insistió Jorge Bergoglio. El papa pidió ser ante la comunidad científica "el abogado de los pueblos a los que no llegan sino rara vez los beneficios del vasto saber humano y sus conquistas, especialmente en materia de alimentación, salud, educación, conectividad, bienestar y paz".