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Julio

Eclipse solar total: el día que fue noche en la pequeña localidad de Mascasín, donde asistieron casi 8.000 personas

Por un día, la árida y seca localidad del Sur provincial dejó en segundo plano la silenciosa distancia de las vías como paralelas hacia el horizonte infinito, para cobrar un esplendor astroturístico inusitado.

Difícilmente las casi ocho mil personas que se dieron cita ayer en la localidad de Mascasin, en el Sur de la provincia de La Rioja, podrán olvidar alguna vez esos 2 minutos y 20 segundos en que la plena luz del día se volvió noche y las miles de manos elevadas al aire buscaron tocar al sol, como si de la luna se tratara eclipsando al gran astro luminoso. 


Difícilmente las casi ocho mil personas que se dieron cita ayer en la localidad de Mascasín puedan volver a vivir un fenómeno igual, aunque queda por demás claro que el martes 2 de julio de 2019 quedará grabado en las retinas de todos por siempre. 


Incluso, muchos de los pequeños que ayer deambulaban por la cancha de fútbol del pueblo sin entender muy bien de qué se trataba todo eso de que el día, de pronto, se convirtiera en noche, serán los que al llegar a ser abuelos, narrarán la historia como si de un cuento o de una fantasía se tratara.


Ocurre que la escena que se vivió ayer pudo haber sido extraída, tranquilamente, de cualquiera de los libros del trascendental escritor colombiano Gabriel García Márquez. 


La escena, incluso, podría haberse ubicado en la Macondo a la que el autor de “100 años de soledad” dio a luz en su más reconocida novela desde su realismo mágico, su inigualable talento y las mariposas amarillas que se refugiaron en un lugar inexistente para todos, excepto para la insondable mente del entrañable “Gabo”.


Sin embargo, y contra todos los pronósticos, la escena se afincó en una pequeña y casi olvidada (hasta ayer) localidad del Sur riojano, donde abundan tanto las postergaciones como la imaginación de sus poco más de 30 habitantes puesta al servicio de la subsistencia, como seguramente ocurre en tantos puntos del territorio nacional, donde hombres y mujeres se resisten firmemente al olvido, o a tener que abandonar el terruño que lo acoge, aferrados a los talas, las breas, las pichanas y los guadales, a la vera de unas vías de tren que se recuestan eternamente pacientes en la distancia que lleva hacia un más allá que aún es imposible de vislumbrar. 

Ostracismo en pausa


Fue la naturaleza, a través de un fenómeno que atrajo a miles y miles de personas desde todos los puntos cardinales, la que finalmente puso en pausa al virtual ostracismo para que la pequeña Mascasín dejara en segundo plano (al menos por un día) la silenciosa distancia de las vías como paralelas hacia el inevitable ocaso, y cobrara al fin un esplendor inusitado. 
Ubicado a 277 kilómetros de la Capital riojana y extendiendo sus dominios sobre la ruta nacional 141, a unos 10 kilómetros de la provincia de San Juan, el poblado fue testigo del masivo arribo de estudiosos de fenómenos astrofísicos, turistas y curiosos que entraron en contacto con el clima árido y seco de Mascasín que, no obstante todas las dificultades que esto puede causar a sus habitantes (la mayoría pequeños criadores de ganado), la convirtió en uno de los lugares ideales para la observación del cosmos (junto a San Juan y La Serena, en el vecino país Chile), a la espera del denominado “sol negro”, producto de un eclipse solar total, que puso el día de noche. 


Fueron muchos jornadas, muchas horas de espera y ansiedades para los habitantes de Mascasín que se prepararon especialmente para recibir a tanta gente como nunca imaginaron poder ver, prácticamente podría decirse, desde que tienen uso de razón. 


De hecho, los más memoriosos que aún resisten el paso de los años en sus viviendas todavía en pie, a pesar de todo, recuerdan que en épocas de esplendor vivieron en la localidad unas 200 personas.


Eran los tiempos del ferrocarril funcionando a pleno, cuando el pueblo gozaba de la buenaventura del trabajo que iba y venía a través de los rieles, convirtiendo a Mascasín en una próspera localidad que miraba hacia el futuro, de la misma manera que ayer la gente elevó la vista hacia el cielo para deleitarse con un fenómeno que bien puede ser considerado histórico. 


Así lo comprendió cada uno de los habitantes de esa tierra árida que ayer puso el corazón a disposición de los ocasionales visitantes, evidenciando una grandeza que se afianzó, como siempre, desde el trabajo y el esfuerzo que redundó en una especial hospitalidad para la gran cantidad de turistas de la Provincia, de otros lugares del País y extranjeros (Francia y Rusia, por ejemplo), que llegaron para vivir el fenómeno más importante de los últimos 100 años, y 
lo vivieron a pleno, haciendo que ese momento trascendental en que el sol terminó de ocultarse detrás de la luna se convirtiera en una explosión de emociones que se tradujeron, al unísono, en gritos, aplausos y pantallas de celulares intentando captar lo que, de otra manera, podría para las palabras de cualquier humano resultar inexplicable.


Expectativa en ascenso
Todo comenzó desde muy temprano, cuando la ruta nacional 141 comenzó a recibir más tráfico que de costumbre, ante la atenta mirada de un intenso operativo de seguridad organizado por el Gobierno provincial, que dispuso también de otras comodidades, tanto para los habitantes del lugar, como para quienes pasaron allí el día a la espera del fenómeno natural.


Los contingentes fueron arribando así a la pequeña Mascasín, con importante preminencia de niños y adolescentes que fueron traídos hasta el paraje ubicado en el departamento Rosario Vera Peñaloza por sus respectivas escuelas, dada la importancia de poder dimensionar y tomar nota en vivo y en directo de un eclipse solar total que pudo ser visto de manera privilegiada por los riojanos.
Así fue como los habitantes de Mascasín fueron haciendo sentir a los visitantes la hospitalidad propia de la gente del interior profundo, disponiendo de puestos a la vera del camino en los que se ofrecían alimentos, bebidas y productos regionales típicos del lugar. 


En este sentido, fue notable que todas las áreas en conjunto, tanto del Gobierno provincial como de los propios habitantes de Mascasín, trabajaron para llevar a los turistas todos los servicios necesarios para vivir una jornada majestuosa, para lo cual se dispuso de un gran espacio de observación con la disposición de pantalla gigante y música ambiente para esperar el momento que llegó, exactamente, a las 16.28 de la tarde, cuando el fenómeno natural se puso en marcha.
De igual manera, para la transmisión se dispuso de dos telescopios de la Secretaría de Ciencia y Técnica de la Nación y otro que tramitó la secretaria de Prensa y Difusión para que todos los presentes pudieran ver las distintas fases del eclipse de sol, cuestión que fue puntualmente explicada a los presentes por Cristian Fernández y Martín Lupo, estudiante de la carrera de Astronomía en la Universidad de la Plata y aficionado a la Astronomía respectivamente.


Asimismo, se instalaron en el lugar baños químicos y carpas para realizar las capacitaciones sobre la temática. Además, la policía de la provincia en conjunto con Gendarmería trabajó en el ordenamiento y la seguridad vial sobre la ruta N° 144. Aguas Riojanas garantizó el servicio de agua potable para todos los presentes durante todo el día y el Ministerio de Salud instaló un camión sanitario y el servicio de ambulancias.


En la Escuela N° 138, se instaló la prensa acreditada tanto de La Rioja como de otros lugares y el servicio de Internet Para Todos estuvo garantizado durante toda la transmisión del evento. 


Así, la jornada transcurrió con total normalidad y el fenómeno natural superó las expectativas de todas las personas que llegaron al lugar. 

Emoción y aplausos


Hasta que finalmente, a las 17.40, el eclipse solar total llegó a su punto culmine, luego de presagios que se evidenciaron a partir de un pronunciado cono de sombra y la notable disminución de la temperatura, junto a una leve brisa que obligó a más de uno a apelar rápidamente a algún abrigo a mano. 


El día fue noche en Mascasín. Y durante poco más de dos minutos, todos los presentes pudieron mirar de frente al sol, entre emoción, aplausos y gritos que invadieron a una multitud sorprendida por un espectáculo que, con estas características particulares para La Rioja, no se volverá a vivenciar en los próximos 240 años.

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